Tianguis, un laberinto culinario

En México los mercados y tianguis se cuentan por cientos, algunos con sus especialidades bien definidas. Los hay de comida, donde la calidad y variedad en frutas, especias, carnes y hortalizas pueblan un ecosistema de delicias; y también de artesanías, plantas, muebles, esoterismo y antigüedades. Cada uno portador de un irresistible encanto que aromatiza las veladas de cada pueblo.

Amplia variedad y calidad en los productos, comestibles exóticos y oferta de precios son algunas de las razones que los hacen materia obligatoria para locales o visitantes que buscan una experiencia culinaria completa. Estos son los mercados en los que florece la gloria de la gastronomía nacional y que todos deberían conocer.

Mercado de San Juan

Es de los pocos mercados que puede presumir de sus hamburguesas de león. Para los más “tradicionales” también las hay de canguro. En San Juan todo es como en la capital: inmenso y variado. Su interior despliega una colorida escena que va desde hierbas finas, quesos, o frutas de cada temporada, hasta carnes exóticas provenientes de criaderos autorizados para su despacho. Hermosos cortes de venado o búfalo se hacen un paisaje común, junto a los puestos de tacos de caimán o jabalí, escorpiones fritos, o tapas de carnes frías acompañados con el mejor vino. Toda una experiencia para los amantes de la comida y el lugar predilecto de los afamados chefs que han encontrado en sus productos la autenticidad y calidad con la que esbozarán sus platos.

Mercado de Medellín

Sus pasillos ventilan éteres llegados de otras latitudes. Productos de Colombia, Argentina, Cuba, Venezuela, Perú y Brasil conforman la oferta internacional por la que es reconocido, además de su especialidad en mariscos. Frescos y recién anclados a las redes del pescador, una oferta envidiable que obliga a los asiduos a llegar temprano y armarse de paciencia para obtener los anhelados productos. Para probar: mariscos en todas sus presentaciones, un corte de carne a la parrilla o los famosísimos helados cubanos.

Mercado de Coyoacán

A la distancia se logran percibir los soplillos del aceite ardiente que cocina los jugos de carnes y vegetales. El mercado de Coyoacán es especialista en comida callejera y se ha convertido referente para aquellos que quieren regalarse una experiencia de buen comer. Tacos, quesadillas y fritangas en todo su esplendor atraen como imanes a los paladares que ansían un toque de verdadero sabor mexicano. No hay que irse sin probar unas quesadillas, ni mucho menos unas tostadas, su más representativo plato.

Central de Abastos

El flujo diario de productos y personas lo convierten en uno de los más grandes de todo el mundo. Conocido antiguamente como gran Tlanechicoloyan, impresiona el giro de frutas y hortalizas de productores que arriban desde todos los puntos de país. Un espacio moderno y funcional, hogar de más de 90 mil bodegueros, comerciantes, diableros, mayoristas y transportistas que despachan diariamente a alrededor de 500 mil clientes. Con más de 800 locales de víveres y abarrotes, 700 de flores y hortalizas, y 100 de aves y carnes, se convierte en un espacio que nunca duerme y cuya rutina inicia con la llegada de los camiones a las 10 de la noche, subastas de productos frescos al mejor postor a las tres de la mañana, y la marcha hacia los puestos, restaurantes y autoservicios que inicia al despuntar el alba.

Mercado de San Pedro de los Pinos

El colorido mural de la fachada da la bienvenida a este imperio de mariscos, famoso por su amplia carta y atractivos precios. Se encuentra de todo para comprar y probar hasta darse placer con costos que van por debajo de cualquier local en la ciudad. Sus alternativas contemplan los frutos del mar, cortes argentinos, sushi o tapas. Vendedores ambulantes y músicos amenizan una velada de aguachiles, cocteles, ostiones y almejas acompañados por una fría cerveza; eso sin mencionar las exquisiteces de pulpo, pescado y camarones servidos con pastas o arroz.

Mercado de Portales

Portales es un espacio que huele a barbacoa, pancita, mariscos, tacos de guisado, quesadillas, sushi y todo lo que abarca el imaginario. Su nombre, que evoca a los antiguos portales que adornaban a la colonia, acoge una pequeña ciudad con productos de la más amplia variedad y usos. Sin duda, su mayor atractivo son los sabores locales que cada puesto de comida ofrenda a lo largo de la semana, cuando no lo invade el barullo y larga espera de los sábados y domingos. Hay que levantarse muy temprano si se quieren degustar los tacos de carnitas con una salsa perfecta de habanero molcajeteado con cebolla, ajo y limón; barbacoa de conejo o gelatinas con rompope casero.

Una telaraña de exuberancias para los sentidos que recorren amplios pasillos de frutas, hierbas, aceites, carnes, vinos y demás comestibles en sus diversas presentaciones. La mejor forma de recorrer la médula gastronómica de un país es a través de sus mercados. Ciudadelas que nacen desde el aliento de las gentes y narran para los sentidos un poco de la historia multicultural que suele albergarse bajo un mismo techo

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