¡México dulce y querido!

Un patrimonio multifacético, así se define la dulcería mexicana. En este río de manjares convergen los mejores sabores azucarados junto al picante y el ácido, una tríada ineludible en la utopía de paladares que México exporta al mundo.

Se define, en principio, por rasgos que otorgaron los antepasados prehispánicos a través sus conservas de mieles, maíz, mezquite y tuna. La caña traída por los españoles en el siglo XVI vino a revolucionar las artes del azúcar. De entre el silente pudor de los conventos de la Nueva España se perfeccionaron las laboriosas técnicas y sabores que se mantienen hasta hoy en día.

En las manos sutiles de los religiosos se gestaron las primeras conservas de duraznos, sidra, naranjas, higos y otros, junto a las frutas secas importadas desde tierras ibéricas. El resultado: la proliferación majestuosa de cultivos y métodos que poblaron el nirvana de lo que se denominó la verdadera dulcería mexicana. Se trata de un microcosmos conformado por diferentes formas, texturas, colores y sabores que abandonaron sus destinos originales en los conventos y hogares de las clases altas para apoderarse de cada rincón de las ciudades.

Las alegrías de Tulyehualco, las pepitorias de Xochimilco, los buñuelos acaramelados de Michoacán, las trompadas de Guanajuato o el dulce de camote en Puebla, forman parte del inmenso compendio que se halla tras el transparente vidrio de los mostradores o en las abundantes cestas de los vendedores. Apetitosas piezas con ingredientes y técnicas que entrelazan lo tradicional con lo contemporáneo, acompañando desde sus tiempos más lozanos la memoria colectiva azteca. Un recorrido por ellos es la mejor muestra de la amplia y rica variedad de cada pueblos donde nacen.

Tamarindos 

Uno de los más representativos. Para elaborar esta delicia se mezcla azúcar y chile piquín con pulpa de tamarindo, resultando en un manjar con sabores agridulces y picantes que se sirve en cazuelitas, tarritos, cucharas o bolsitas.

Alegrías

La mejor expresión de Xochimilco, principal hogar de las semillas de amaranto mezcladas con miel, pasas o nueces en forma de barritas que aportan un sinfín de energía.

Ates            

Una creación de guayaba, pera, calabaza o tejocote que nació durante el Virreinato. Comúnmente se acompaña de una rebanada de queso.

Trompadas

Guanajuato, Hidalgo y la zona del Bajío son los lugares donde tradicionalmente se prepara este dulce cuadradito envuelto en celofán que es producto de la mezcla de miel y semillas de anís.

Jamoncillo

En los estados norteños es muy común este dulce de leche decorado con nuez triturada que emula los colores del café.

Mostachón

Muy similar al jamoncillo, se decora con una nuez encima. La historia cuenta que su creador era un ganadero al que apodaban con ese nombre y fue el amor de una mujer lo que le inspiró para elaborarlo.

Pedos de monja

Una curiosa anécdota bautizó a este dulce con el extravagante nombre. Se cuenta que un pastelero italiano creó una galleta a la que llamó petto di monca (pecho de monja). Al transformarse al castellano la dificultad para pronunciarlo hizo que adquiriera otro tono y estos chocolates tan célebres en Querétaro quedaron para la posteridad como una ventosidad beata.

Nenguanitos

La masa de trigo y manteca de cerdo se unen en una sartén que la fríe de cinco en cinco para después terminar sumergidos en miel de panela. Todo un deleite para los oaxaqueños.

Gaznate

Otra exquisitez cortesía de Oaxaca. Se trata de un buñuelo cilíndrico relleno con merengue blanco o rosado.

Borrachitos

Una creación que se agradece a las monjas de la colonia que los obsequiaban a los benefactores como agradecimiento. En su preparación se mezcla harina, leche y vino con una generosa cubierta de azúcar.

Cacahuates garapiñados

Riquísimos y crocantes. Aquí los cacahuates pelados, el azúcar y la vainilla se unen. El dulce resulta de la cristalización de esa azúcar impregnada con cacahuate.

Cocadas

Un deleite de grandes y chicos. Para elaborarlas se prepara una masa de coco rallado y leche que termina en el horno y con un sabor incomparable.

Glorias

En Linares, Nuevo León, nace este dulce que debe su nombre a la nieta de su creadora. Nueces y leche quemada se conjugan para hacer bailar los paladares.

Merengues

En una feria no puede faltar el vendedor que ofrece este endulzado producto a todos los asistentes. Una delicia simple y representativa de todo el país producto de la mezcla de claras de huevo, azúcar, fécula de maíz y esencia de vainilla.

Muéganos

Varias piezas de masa conforman a esta creación hecha con harina, agua, manteca, sal y anís. Tras hornearla se cubre con miel de piloncillo y canela.

Palanquetas

Para elaborarlas se usan cacahuates, semillas de calabaza, ajonjolí, nuez y pasas con miel de piloncillo. Se espera a que se endurezcan y ¡voilà!

Pepitorias

Es una crujiente oblea de diferentes colores que se decora con caramelo macizo y semillas de calabaza.

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